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 “Defiendo los derechos de las personas y estoy del lado de los oprimidos. Me identifico con la lucha de la gente. Me involucro en los temas de raza, género y lucha contra el sistema neoliberal”

(Rosa María Chamorro)

 

rosa maría

[Rosa María Chamorro, estudiante de filosofía de la UNAD]

Esta es la historia de Rosa María Chamorro, estudiante de filosofía de la Universidad Nacional Abierta y a Distancia. Su segundo libro de poesía titulado “La Sierra Negra” fue publicado recientemente por el Sello Editorial de la UNAD.

Con ojos expresivos, tez morena, cabello rizado oscuro y estatura promedio, Rosa representa la mujer afro y latina, enamorada de sus raíces, amante de sus derechos y defensora de los derechos de otros.

Es poeta, activista política, estudiante de filosofía de la Universidad Nacional Abierta y a Distancia - UNAD y escritora del libro “Luna en fuego”. Sus versos son vertiente de la poesía afro, con los que busca defender los derechos de la mujer negra e indígena. Rosa también escribe sobre el amor y la naturaleza.

Criada en medio de tertulias filosóficas, los cuentos de la “llorona”, “la lucecita” o “el jinete sin cabeza” narrados por su abuela, Emperatriz Vergara, junto a un árbol de guanábana en el patio de su casa, en Corozal, Sucre, Rosa Chamorro anticipa el camino que elegiría para emplear bellamente su vida: La poesía como arma de lucha y resistencia, fuente de inspiración y evocación de su legado.

Chamorro sonríe mientras recuerda cuando su padre, Carmelo Chamorro profesor de filosofía, le leía poemas de Gabriela Mistral y le contaba sobre la muerte de Sócrates: “mi papá me contaba de niña, cuando Sócrates estaba en la cárcel y bebió la cicuta. Mi papá me enseñó a leer con libros de trabalenguas” afirma.

Los diálogos de Platón, las virtudes de Aristóteles, las ironías de Diógenes el cínico, acordes de guitarra, sonidos de tambor, cumbias y porros, describen la infancia de Rosa, quien al igual que Apolo -el dios de la belleza- percibe el arte como divinidad, luz, música y curación de todos los males.

Los libros de la biblioteca de su padre, eran sus juguetes; las historias de su abuela eran sus presagios y largas tertulias de política, razones humanas, música y literatura, que desbordaban el patio de su casa, cultivaban en Rosa versos que, a los seis años de edad, empezaría a plasmar en canciones.

Entre sonidos, poesía, música y ajedrez –que aprendió a jugar desde muy temprana edad- Rosa se hallaba inmersa en medio de la vocación heredada de su padre: la filosofía, la literatura, el arte y la poesía como formas de existencia posibles.

 La poesía para Rosa María: lucha y resistencia de la mujer negra

“Nos quieren paralizar la voz con el miedo,
Nos quieren detener
Con sus manos.
Pero nuestras manos están unidas a todas las manos
Y nuestro andar es ya un solo paso”
(R.C, 2014).

Mucho se ha dicho del papel desigual que ha tenido la mujer a lo largo de la historia. En el siglo VIII a.C el patriarcado trazó dos grandes grupos marginales: el círculo de los ciudadanos que excluía a los extranjeros, y el club de hombres que excluía a la mujer. Por tanto, las mujeres representaban el sector social más alejado y sin ninguna posibilidad en la participación ciudadana.

En la Edad Media, por ejemplo, la iglesia no consideraba que la mujer tuviera alma, debía llevar cinturón de castidad y era común la persecución a las mujeres que conocían sobre la ciencia y heredaban saberes de las propiedades curativas de las plantas para tratar enfermedades; las consideraban brujas y las quemaban vivas (Mujer y ciencia, 2008).

Por su parte, en el Imperio Romano la mujer no podía cumplir ninguna función administrativa, mataban a las niñas recién nacidas porque lo conveniente, era mantener con vida a los varones por necesidades militares (sociedad medieval, 2018), y de este modo, se entretejía la historia de la mujer invisibilizada, marginada, silenciada, excluida y víctima de violencia y maltrato.

En el siglo XXI, las mujeres -tras una lucha imparable- han logrado una posición y un reconocimiento social; cuentan con participación en cargos públicos, hacen parte de las decisiones y elecciones del país (sufragio), son líderes, emprendedoras, profesionales y gestoras de proyectos sociales. No obstante, persisten sucesos de violencia, agresión, maltrato psicológico, físico y exclusión social. En mayor medida, la mujer indígena y la mujer negra.

De acuerdo con el periódico El Espectador, en lo corrido del 2018 se han reportado 3.014 casos de violencia de género contra la mujer en Colombia. Si se pensaba que las mujeres solo eran perseguidas en la Edad Media, en la capital del país, por ejemplo, van 37 mujeres asesinadas a la fecha; ya no las queman, pero les violentan el derecho a la vida, silencian su voz, les arrebatan el derecho a existir.

Para Rosa María Chamorro, este panorama no es desconocido; con descendencia negra, nacida en Corozal, Sucre, donde predominan las negritudes y con situaciones que la llevaron a querer hacer parte de la lucha por la defensa de los derechos de la mujer, hoy integra asociaciones como el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales – CLACSO y la Facultad Latinoamericana de las Ciencias Sociales – FLACSO Brasil, donde participa en políticas públicas y justicia de género. Rosa María, además, es bloguera para el periódico digital colombiano Kienyke.

“Las mujeres hemos sido históricamente discriminadas porque siempre hemos estado en posición de desigualdad, pero eso se agrava cuando la mujer es negra, de zona rural, LGBTI, indígena o pobre, porque las desigualdades se entrecruzan” afirma Rosa María.

“Allá se escuchan nuestros ecos,
allá nos está esperando
la libertad,
hija del hambre
y la desesperación.
Derrota al miedo y levántate
con la fuerza de los justos”.
(R.C, 2014).

A Rosa le duele la realidad del país, no concibe que hoy, sigan muriendo mujeres en el Chocó por no tener acceso a un sistema de salud medianamente digno, y se inquieta por aquellas que nunca han tenido posibilidad de acceder a la educación por no tener los recursos:

“El acceso a la universidad es difícil, la universidad no es pública realmente. Hay muchos lugares del país en donde las familias se sostienen a partir de la pesca sin ingresos suficientes para poder darle acceso a la educación a sus hijos” afirma Chamorro.

Rosa defiende la educación pública y gratuita. Eligió estudiar en la UNAD porque además de ser una universidad pública y a distancia, que le permite continuar con sus proyectos personales, resalta la disciplina que se adquiere con este tipo de modalidad: “tengo mis propios horarios y métodos para cumplir y estudiar las temáticas, no estoy sujeta a un aula de clases y encuentro un aprendizaje más autónomo; puedo ser autodidacta” argumenta Rosa María, quien actualmente desarrolla su tesis para graduarse como filósofa de la UNAD.

La poesía de Rosa la ha llevado a representar a Colombia en países como México y Chile, donde ha hecho parte de reconocidos eventos de poesía y literatura. Su segundo libro, “La Sierra Negra” fue publicado recientemente por el sello editorial de la Universidad Nacional Abierta y a Distancia - UNAD y prologado por el académico nigeriano MBaré Ngom Faye, director del departamento de literatura y lenguas de la Universidad Estatal de Morgan de Estados Unidos.

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[Sello Editorial de la UNAD y Rosa María Chamorro]

“La Sierra Negra” es un ejemplar inspirado en la Sierra Nevada de Santa Marta, lugar donde actualmente vive Rosa con su compañero, tres perros y un loro. Chamorro ama la Sierra y a través de su libro, no solo revela lo vehemente de sus paisajes, sino que busca rescatar la memoria histórica del paraíso ancestral:

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“Me quedo en este país,
mis raíces ya derramaron toda su savia,
me queda un olor de madera,
una coraza de caracol
y una alambrada en el mar.
(…)
Mi lenguaje es de canario,
Guacamaya y oropéndola
(…)
Aquí mi tierra,
la que me habita”
(R.C, 2018).

La estudiante de filosofía de la UNAD, activista política, escritora, poetisa y artista es un ejemplo de la mujer fuerte y defensora de ideales, que, a través de versos, transforma una realidad. De fina sensibilidad, curiosidad insaciable, con decisión, perspicacia y profundamente humana, forja cada día la máxima de las aspiraciones humanas: la propia composición.

Rosa María Chamorro, amiga de la Sierra, representa con orgullo las raíces negras que emanan de ella. Con virtuosidad y firmeza defiende a la mujer negra, indígena, maltratada y silenciada. Sus letras son su arma y su corazón su brújula. Rosa María Chamorro traza pisadas imborrables, y con seguridad, sus huellas perdurarán aun con el paso del tiempo.

“Me salvo en mi piel negra como la yuca,
En mis pies de bejuco
Que van partiendo la tierra
Y soy todas las primaveras en las flores de la veranera.
Me salvo camuflada como iguana en las montañas,
Soy la sombra del gavilán
Y mi alma está vestida de guacamaya”
(R.C, 2018).

 

Por: Vanessa Méndez 

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